De acuerdo que ahora mismo no se pueda salir de casa y los viajes estén más que descartados. De acuerdo que los planes para este año se hayan ido al traste y haya que resignarse a esperar y ver qué es lo que pasa. Sin embargo, nada nos va a impedir recordar viajes pasados o soñar con viajes futuros.
En febrero fui a Lisboa y me parece un buen momento para compartir todo lo que se puede llegar a hacer en tan solo día y medio. Benditos tiempos en los que podías encontrar vuelos regalados por Skyscanner y hacer alguna escapada.
Voy a ser sincera. En los últimos tiempos, cada vez que he viajado, no me he preparado nada los viajes. Me gusta improvisar, no saber qué me voy a encontrar. Disfrutar del momento y llegar al lugar con una mente abierta. En Lisboa fue igual y me sorprendió gratamente. No me atrevería a afirmar que la ciudad me pareció bonita, pero sí que la encontré fascinante. Su arquitectura, su aspecto decadente, el modo en que la vida fluye en ella… Desde luego, repetiría la experiencia sin dudarlo. Espera a que se pueda volver a viajar y Skyscanner y yo nos reconciliemos…
Puede parecer que día y medio no da para mucho y, en efecto, el tiempo se me pasó volando, pero lo poco que vi lo disfruté como una niña y vengo a compartirlo hoy aquí.
Para llegar a nuestro alojamiento desde el aeropuerto nos bajamos en la estación de Santa Apolonia. Una estación preciosa que no os debéis perder aunque, seguramente, tengáis que pasar por ella tarde o temprano durante vuestra visita a Lisboa.

Mi sorpresa me la llevé nada más salir de ella. Si bien en Londres había una cola de horas para hacerse una foto en la plataforma 9 3/4 de Harry Potter, aquí me la encontré totalmente despejada y solitaria y, todo sea dicho, con unas vistas mil veces mejores. La pena es que la pusieron ahí con motivo de una exposición, por lo que no permanecerá allí eternamente. La suerte de estar en el lugar preciso y el momento exacto.

El Museo Militar se encuentra a escasos metros de distancia de la estación de Santa Apolonia. No lo visité. Últimamente he perdido cierto interés por los museos y me interesan más los espacios abiertos, pero ahí queda la foto para la posteridad.

Las preciosas calles del barrio de Alfama.

Sonríe, estás en Lisboa.

La catedral de Lisboa (Catedral da Sé), desde la que se pueden disfrutar de las maravillosas vistas que ofrece la ciudad.




Callejeando hasta llegar al mercado de Santa Clara, que tan solo se puede visitar los martes y sábados. Allí encontrarás toda clase de artículos de segunda mano y antigüedades.


Y, por supuesto, parada técnica para comer. Es ver la palabra vegan y sentir hambre de la misma. En este puesto de comida venden waffles hechos con nabo. La combinación de gustos es interesante, por describirlo de alguna manera. El interior salado contrasta con el sabor dulce de la masa. No es para mí. Si hubiesen tenido algún tipo de crema de cacao vegana para el relleno lo habría disfrutado mucho más.



La verdad es que comer vegano en Lisboa no sido nada difícil. Abundan los restaurantes hindúes y nepalís con millones de opciones veganas, por lo que me puse las botas.
La primera noche cenamos en el Diyalo, que ofrecía tanto comida asiática como comida tradicional portuguesa. Salí rodando de lo bueno que estaba todo. Además, para todo lo que pedimos me pareció un precio más que razonable: 31,10 euros para dos personas. ¡Lo recomiendo!



Al día siguiente, callejeando un poco, me encontré con puertas y fachadas fascinantes. En serio, merece la pena ir a Lisboa solo para disfrutar de la oferta visual que tiene. Me parece increíble.

Monasterio de los Jerónimos de Belén.

Y mi cara de felicidad cuando viajo.


No sé lo que es, pero es una foto preciosa.

La torre de Belén.




Monumento a los combatientes de ultramar.

Monumento a los descubrimientos. Tras unas interminables escaleras en su interior, se puede disfrutar de las maravillosas vistas de la ciudad.



Estación fluvial.

Puertas maravillosas que me encuentro por el camino. Sufrí lo indecible en los trayectos de autobús por no poder fotografiar las preciosas puertas que iba viendo por el camino. Quien me conoce ya sabe de mi obsesión por fotografiar puertas.

Parada para reponer combustible. Otro maravilloso restaurante hindú en Lisboa, Secretos de Goa. Recomendado.


Callejeando un poco más. Cuando el tiempo acompaña, no se me ocurre un plan mejor que perderme por las calles de alguna ciudad.





Castillo de San Jorge. Impresionantes vistas, pero más impresionantes aún son los pavos reales que andan sueltos por el interior. Pasan a escasos centímetros de ti y son realmente imponentes.






Alfama.

La pena de viajar en invierno es lo pronto que anochece, aún así un día y medio en Lisboa dieron para mucho.
Última noche en la ciudad y encontramos la Pizzería Romana Al Taglio que vendía porciones de pizza con varias opciones veganas. No podía dejar de probarlas. No estuvo mal, pero definitivamente no fue la mejor pizza de mi vida. Ahora mientras escribo, empiezo a sentir hambre y no me importaría zamparme un par de porciones, para qué mentir.

La última cena en restaurante Swaagat fue maravillosa. La comida estuvo riquísima y el servicio es de 10/10. Amables y atentos en todo momento. Volveré seguro. Además, me prepararon mis platos extra picantes, como a mí me gusta.



Adiós Lisboa, nos volveremos a ver.

¿Y tú? ¿Has visitado ya Lisboa? ¿Qué te ha parecido? ¿Volverías? ¿Qué lugares recomiendas? ¡Cuéntame!