De algoritmos y otras patochadas

Esta entrada no tiene ningún tipo de planificación ni estructura, así que discúlpenme si no tiene sentido o no sé de lo que hablo. Simplemente, me apetece darle a las teclas y verter algunos pensamientos sobre los puñeteros algoritmos que parecen controlar nuestra vida actual.

¿Qué es el algoritmo? Ni idea, pero se oye hablar de él en todas partes. Que si el algoritmo de Instagram, que si el algoritmo de YouTube, que si el algoritmo de Santa Rita… a lo que le siguen millones de especulaciones sobre cómo vencerlo (ni que este fuera el enemigo, ¿o sí que lo es, a fin de cuentas?).

Existen innumerables reglas para hacer frente al puñetero algoritmo, aunque todas ellas son meras hipótesis. Hay quien dice que debes publicar en tus redes con tal o cual frecuencia, ahora otra persona te da unas cifras diferentes y ya no te salen los cálculos. También te dicen que debes publicar cierto tipo de contenidos, los cuales deben guardar coherencia y una estricta constancia y de saltarte una sola norma algorítmica serás gravemente castigado.

También está el puñetero SEO (Search Engine Optimization). ¿Qué narices quiere decir esto? Significa que debes escribir con los buscadores en mente, hacer un buen uso de palabras clave que posicionen lo que quiera que sea que vendes en la primera página del buscador y, con muchísima suerte, en los primerísimos resultados de Google.

¿Qué ha ocasionado todo esto? La consecuencia de tanto algoritmo y tanto SEO ha ocasionado que la gente se lance a crear contenido como si no hubiera un mañana sin importar si lo que ofrecen tiene algún valor o va a ayudar a mejorar el mundo en modo alguno. Muchos blogs y muchas páginas se nutren de reescribir artículos encontrados en otras páginas y todos acaban contando más de lo mismo. Cada vez que haces una búsqueda en Google encuentras la misma información escrita en quinientos ochenta y un estilos diferentes. Nadie aporta ya nada nuevo porque la originalidad no importa mucho si esta no le cae bien al algoritmo, ¿verdad?

Y yo me preguntó… ¿Dónde ha quedado eso de escribir por escribir? ¿o crear por crear? Por amor al arte, porque sí, porque tienes algo que contar, algo que compartir, algo que mostrar al mundo, simple y llanamente. Hacer tus pensamientos visibles sin importar si utilizas las palabras adecuadas para el Sr. Google o quien sea que domina la interweb. Hacen falta más personas con pasión y menor preocupación por los puñeteros números. ¿Qué más da cuánta gente te siga o te deje de seguir? La realidad es que a tus seguidores poco les importa lo que tienes que ofrecer si a lo que te dedicas es a repetir información como un puñetero disco rayado. Enseguida dejarán de escuchar (leer) lo que tienes que decir porque… seamos claros: ¡no tienes nada que decir! La verdad, aunque duela.

Así que… ¿por qué no dejamos números y algoritmos a un lado y hacemos las cosas un poco más porque sí? Pues no, tampoco es eso. Me explico (o no me explico porque ni yo me entiendo): tengo 138 entradas de blog en borradores, que se dice súper pronto. Muchas de ellas solo son ideas, otras están en un estado avanzado de desarrollo. ¿Por qué no las escribo y las publico de una vez? Muchas veces me repito a mí misma que es por falta de tiempo y esas patochadas. Lo cierto es que se me han acumulado tantísimas ideas que me da una pereza horrible trabajar en ellas porque no sé ni por cuál empezar. De ahí que este blog sufra larguísimos periodos de abandono. Quisiera pedirle disculpas de antemano, pero… no es más que un blog, ¿sabes? No tiene sentimientos. Perdón, me voy por las ramas.

Lo más curioso de todo es que, pese al terrible abandono al que tengo sometido al blog, este recibe visitas todos los días (si las estadísticas no mienten), lo cual no deja de sorprenderme porque se supone que la he cagado con el algoritmo a todos los niveles, ¿no? Cierto es que la mayor parte de las visitas se dirigen a mis recetas y, aunque tengo algunas pendientes por publicar, no van a dar para mucho contenido nuevo en el futuro ni tampoco es ese el enfoque principal que le quiero dar ya a este blog. Tampoco sé qué enfoque le quiero dar, otro punto en contra del algoritmo, ¿lo ves? El algoritmo es el puñetero monstruo en el armario.

Pero se me ha ocurrido una genial idea para experimentar un poco y ver qué pasa en los próximos meses. Si bien este es un blog sin pretensiones (o bajas pretensiones, vaya), voy a jugar a burlarme del algoritmo (tal vez no debería contar aquí mis planes para que este no se entere y decida sabotearme, pero me arriesgaré). Según las estadísticas, el día que más tráfico recibo son los miércoles a las 9:00. Un día y una hora muy raros para recibir tráfico. Bien es cierto que recibo mucho tráfico de Latinoamérica, pero siguen sin cuadrarme muy bien las horas. Solo sé que parto de esa información y con eso es con lo que voy a jugar.

Pues bien, mi plan es el siguiente: ahora que estoy de vacaciones hasta septiembre, me voy a dedicar a escribir todas esas entradas que tengo pendientes y, como son todas bastante atemporales, las voy a ir programando los miércoles a las 9:00, a una por miércoles (por si no quedaba claro). Voy a tratar de generar contenido para todo el año y así no tener que preocuparme demasiado por el blog hasta mis próximas vacaciones el verano que viene y solo parar por aquí a escribir cuando tenga algo que contar en fechas más puntuales.

No, esto no es una forma de burlar el algoritmo para nada. Es una forma de experimentar con él, a la vez que experimento con la creación del contenido que a mí me da la gana sin preocuparme ni por el SEO ni por una temática concreta. Es simplemente una forma de forzarme a sacar adelante todo ese contenido que a mí me apasiona, pero que, por una circunstancia o por otra, se ha ido quedando atrapado en borradores, condenado al olvido eterno, y observar lo que pasa. Así que sí, también puedes utilizar al algoritmo como aliado como medida persuasiva y prevenir la procrastinación.

Vaya chapa más grande, esto me pasa por no estructurar las entradas. Si has leído hasta el final, comenta «brócoli» y si no, tampoco pasa nada. Ni yo habría leído este tocho hasta el final.

Foto chula como premio de consolación por haberte tragado mis divagaciones:

Cielo nublado en Oviedo Asturias
Remolque en El Cordial

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