La vecina de arriba

En ocasiones, hay personas en esta vida que, sin ser ellas conscientes, están teniendo un impacto tan negativo en tu vida que sientes que estás al borde de la locura. Este es el caso de mi vecina de arriba y su rigurosa procesión de ruidos programados al milisegundo. En realidad, puede que sea más de una persona, no lo sé. Llegados a este punto, la verdad es que no me importa. Tan solo quiero echar un poco de bilis.

Llegué a este piso hace tres años. En comparación con el barrio en el que vivía antes, este era muy tranquilo, por lo que, al principio, viví en total calma. No era consciente del ruido. Tal vez no lo hubiese o tal vez fuera porque me pasaba mañana y tarde trabajando, 7 días a la semana, y para cuando llegaba a casa simplemente caía agotada en la cama, incapaz de sentir ni padecer.

Es por ello que me es muy difícil determinar la fecha exacta de cuándo empezó todo. No lo sé. Creo que empecé a darme cuenta de que la vecina de arriba era demasiado ruidosa cuando dejé de trabajar por las mañanas. Es entonces cuando, aún teniendo la oportunidad de quedarme en la cama más tiempo (levantarme a las 5 de la mañana ya era cosa del pasado), fui incapaz de hacerlo.

Todos los días, a las 8 de la mañana, como un puñetero reloj, suena la bomba del váter del piso de arriba. Las cañerías pasan por encima de mi habitación y hacen mucho ruido, así que yo, que he padecido de insomnio durante muchísimos años, me despierto de la misma.

Bueno, trataré de volverme a dormir, me costará un rato, pero lo acabaré haciendo… No. Eso no va a ser posible. Acto seguido, la señora vecina del piso de arriba se pasa los próximos 30 minutos caminando por todo el piso con los tacones puestos, haciendo la hazaña de volver a dormir algo más que imposible. Desesperada yo me cubro la cabeza con la almohada, como si esta fuese a amortiguar realmente el sonido de sus zapatos, que ni en un tablao flamenco.

¡Por fin! El taconeo cesa. ¿Será mi gran oportunidad de volverme a dormir? Es demasiado pronto para levantarme, trabajo de tarde, merezco quedarme en la cama un poco más. Venga, cerrando los ojos fuertemente, concentrándome… por fin me dormiré. Sin embargo, me equivoco una vez más. La cita de la vecina con la aspiradora no falla. Todos los días. TODOS. Y. CADA. UNO. DE. LOS. DÍAS. DE. SU. VIDA. Se enciende la aspiradora y tiene ya una media hora más de ruido garantizada. Esa mujer debe de tener el piso más limpio del universo porque, no contenta con montar un alboroto con la puñetera aspiradora, mueve todos los muebles de su vivienda que, a juzgar por el ruido, no son pocos.

Aquí yo ya estoy al borde de la locura. Lo que me impulsa finalmente fuera de la cama es cuando, ya no contenta con el ruido del aspirador y de los muebles, la susodicha comienza a cantar. A voz en grito. Muy malamente, todo sea dicho.

Imagínate lo que es despertarse así todos los días de tu vida. Que alguien dicte la hora a la que debes amanecer. Intentar dormir con tapones para no sentir ni padecer, pero hallarlo imposible. El picor y la irritación que te producen no te dejan conciliar bien el sueño. Te despiertas en mitad de la noche con una necesidad imperiosa de rascarte los oídos porque ya no puedes más. Y que, al apoyar los tapones en la mesilla, estos desaparezcan como por arte de magia para no volver jamás. Miento, volver vuelven, en forma de mondongo canino. Ya sabes a lo que me refiero. Así que, con el tema de los tapones descartado, lo único que te queda es resignarte a amanecer temprano.

Avanza el día y los ruidos de arriba no cesan, simplemente se transforman. Llega el momento del rezo. Yo lo llamo “el rosario” porque, aunque no llego a entender lo que dice, es un rezo interminable. Sé que está rezando, lo supongo. No habla con nadie, no hay pausas de conversación, tampoco respuestas. Definitivamente, está rezando. Lo que le sucede al rezo es aún más desconcertante. Se oye un llanto. En un principio es un llanto leve, como ahogado, pero con el paso de los segundos y de los minutos, este va subiendo de volumen y su intensidad es inquietante. ¿Por qué llora? ¿Qué le pasa? ¿Estará bien de la cabeza? ¿Qué está pasando ahí arriba? El llanto se está transformando. Ya no llora. Ahora lo que se oye son aullidos. No parecen humanos, parece algún animal, pero… arriba no hay ningún animal. Lo sé porque ya lo he preguntado. No llego a comprender qué está pasando encima de mí, pero es realmente perturbador. Por favor, alguien que venga y lo escuche y me diga que no estoy loca, que yo no estoy perdiendo la cabeza.

En ocasiones se oye un bebé llorar. Lleva años llorando igual, como un recién nacido. Un bebé que no existe. Un bebé que nadie ha visto.

¿Y por qué no hablamos del piano que suena mañana, tarde y noche? TODOS LOS DÍAS. Siempre toca la misma escala. Durante diez minutos cada vez. Lo tengo grabado en el móvil, por si alguien no me cree. Es en ese momento, cada vez que suena el piano, que creo que cualquier día de estos ya no seré capaz de responder de mis actos. Vivo en el puñetero día de la marmota. Voy a enloquecer y no sé cómo ponerle remedio. Esto es una locura.

El confinamiento no ha ayudado nada a aliviar esta tensión. De hecho, la ha empeorado aún más si cabe. Ahora, todos los días a las 7 de la tarde, oigo cómo entrena para una maratón por el pasillo. No sé cómo corre esta mujer, pero parece una estampida de elefantes escapando de un depredador. Cualquier día me encuentro que su pierna ha traspasado mi techo. Vibra, sin exagerar, todo el piso.

De acuerdo, tratemos de sacar algo positivo de todo esto. El pasado noviembre participé en NaNoWriMo, que consiste en escribir una novela en un mes, y adivina sobre qué escribí. Exacto. Sobre la vecina de arriba. Hice una interpretación ficticia de todo lo que está pasando ahí arriba y solo puedo decir una cosa: es espeluznante. A ver si me pongo las pilas estos días para que la novela salga a la luz. Será mi pequeña venganza contra la vecina ruidosa. Aunque cualquier coincidencia con la realidad sea mera casualidad. Je, je, je (risa maliciosa).

IMG_20180819_111024_166


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .